Medio centenar de empresas da Costa da Morte se agrupan con apoyo de Igape para ganar competitividad

 

 

Cerca de medio centenar de empresas de diversos sectores situadas en varios ayuntamientos de la Costa da Morte se agruparon en redes de cooperación para promocionar la capacidad de la comarca como destino turístico y de acogida de visitantes. La iniciativa, impulsada por Adterra, una asociación que promueve acciones de desarrollo en medio rural gallego, cuenta con el apoyo del Instituto Gallego de Promoción Económica (Igape), que destinó casi 120.000 euros, durante dos años, a sendos proyectos que fomentan la colaboración y la unión de sinergias para dinamizar un territorio con gran potencial.;

"Era preciso consolidar una red interempresarial que generara nuevas ofertas turísticas”, explica Rosa Leis, coordinadora de Adterra. Cuando presentaron el proyecto al Igape partían de cero. “Nos proponíamos crear fórmulas de cooperación donde no había nada”, recuerda. Tenían el ejemplo francés. Allí hay buenas experiencias de redes entre empresas del ámbito rural y se propusieron replicar el modelo en los ayuntamientos de la Costa da Morte. Partían también de la experiencia adquirida por Adterra, que tuvo su embrión en los Centros de Promoción Rural (CPR-EFA) de Galicia, un proyecto educativo para el medio rural que derivó en la asunción de otras actuaciones, en iniciativas con cooperativas y ayuntamientos para ofrecer opciones de conciliar la vida familiar y profesional o promover la igualdad de oportunidades.

A partir del Centro de Promoción Rural-EFA Fonteboa de Coristanco, Adterra contactó con empresas que podían dar un impulso a la oferta turística de la comarca. No trabajaban en un contexto sencillo, pero encontraron respuesta en un grupo de pymes que creyeron que podían ser más fuertes mediante la unión de esfuerzos. Nació así una Red de Cooperación Interempresarial para promocionar el turismo rural y de acogida, una primera experiencia exitosa porque sirvió, por ejemplo, para crear nuevas ofertas de paquetes turísticos que minimicen la estacionalidad de las visitas. Abrió el camino a proyectos relacionados con la gastronomía, el patrimonio o la naturaleza. En el caso de Cabana de Bergantiños, por ejemplo, se crearon paquetes turísticos con estancias de diferente duración que integran un circuito de visitas o el contacto con la cultura, el patrimonio natural o los oficios de la zona.

Pero una segunda experiencia finalizará ahora con una red aún mayor. “Ahora ya nos salimos del sector del turismo rural y trabajamos en un ámbito intersectorial”, puntualiza Rosa Leis. La finalidad es idéntica: dinamizar la oferta de ocio de la comarca, pero ya atañe a empresas hosteleras, del transporte, los deportes náuticos, la horticultura, la artesanía o el comercio.

Sobre la base de la cooperación ya no se quiere dar solo servicio al cliente o al visitante sino también a las propias empresas participantes, que dispondrán de asesoramiento para identificar necesidades tecnológicas y de un software de gestión, una plataforma que también sirve para conocer índices de ocupación o gestionar paquetes turísticos a la carta. “Los pequeños empresarios se dieron cuenta que por separado era imposible ser competitivos y lo triste es que la gente no se conocía”, lamenta la coordinadora de Adterra.

Las pymes participantes proceden de Muxía, Fisterra, Cee, Camariñas, Laxe, Ponteceso, Cabana de Bergantiños, Vimianzo y Coristanco. Comenzaron quince y ahora están en la red casi medio centenar. “Queda mucho trabajo”, advierten desde Adterra. Falta abordar una estrategia de comercialización conjunta de una oferta de la que se sentaron las bases. “Apenas llevamos dos años de trabajo?, resume Rosa Leis, pero ya cuentan con importantes apoyos. Para lanzar la segunda red de cooperación para innovar en el desarrollo de acogida local cuentan con la financiación del Igape, que asume el 50% del presupuesto, y también con una colaboración de Inditex. “Trabajar con ambos es una puerta abierta -reconoce Leis- porque en el caso del Igape supone un aval de cara a las propias empresas, que en un principio ven este tipo de ayudas como algo lejano, pero que al final se convencen de que están a su disposició No hay final previsto para todas estas actuaciones.

En Adterra hablan de una vocación de continuidad aunque, de paso, hacen balance y en el resumen ven que se consiguieron establecer nexos de cooperación entre empresas, que estas aprendieron a trabajar juntas, se motivaron para lanzar nuevos proyectos, aumentaron su autoestima y su capacidad para innovar. Y, sobre todo, consiguieron llegar a más público.

 

 

 

 

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